Para mi maravillosa y gran familia.
Dos poemas acaecidos en el tiempo.
Confı́o en que derramen algo de luz.
Lo acontecido tenı́a que suceder,
en realidad, quizá , no haya sucedido nada.
I.- PRIMER ACTO
POEMA INACABADO (1)
Estoy vivo,
decı́a un hombre maduro
satisfecho con sus dı́as,
del fruto de su dedicació n
gozaba, sin deber
nada a nadie,
consciente de los detalles
mı́nimos, del acontecer
caprichoso,
por gran sabio le tenı́an,
no se engañ aba a sı́ mismo,
conocı́a
el Ainal de su camino,
sin temor ni duda,
dueñ o será de sus pasos,
respetando y ayudando
a los compañ eros de viaje
con rectitud majestuosa,
frialdad era para algunos,
el sentir con el otro,
ausencia era en su vida,
tal vez, en la nada se hallaba...
Santiago Rupérez.
Taipéi, 2-5-2026.
(1) Un par de días antes de mi rotura del fémur estaba escribiendo estos versos. Sin buscarlos, tras cincuenta y tantos días, han surgido de nuevo en mi ordenador de casa. Voló la inspiración de aquel momento. Prefiero que permanezcan tal como están.
II.- ACTO SEGUNDO
PEREZOSO
為 無 為 (Wei wu wei) = “Acción sin actuar”.
Principio Taoista, básico en la cultura china.
(Ver el Gran Diccionario de Términos Taoistas,
Página 173. “天 道 自 然 無 為”.Edició n china
del 30-10-1993).
Perezoso, me han llamado,
sorprendido,
malhumorado sigo,
mas ¿si tuvieran razó n?
Zoólogos, biólogos,
cientı́Aicos honestos,
conocen a fondo al perezoso,
dicen ser un tipo de oso,
su especie más comú n
y extendida
es el Bradypus variegatus,
el perezoso bayo,
de tres dedos,
otras especies solo tienen dos,
caminan lento, viven
colgados cabeza abajo,
con mi cabeza bien alta,
dudo de que llevemos
la misma vida.
Inicié la cuenta
de mis ochenta y cinco añ os
el mismo dı́a
que los doctores se afanaban
en colocarme en el fémur,
una varilla de acero,
con otras tres piezas má s,
para poder volver a andar,
las cosas se complicaron,
he pasado un mes largo
encerrado en dos hospitales,
más otro mes en mi casa,
sin saber aun cuándo
volveré a ser el de antes,
quizá ya sea perezoso.
En las horas muertas,
solitario yaciente,
en la cama de un hospital
estaba viendo las orejas
de la pantera negra
acechando al perezoso,
cercano
parecı́a el desenlace,
la vida seguı́a su ritmo
no era necesario
hacer nada,
lo que debı́a de hacer,
ya estaba hecho,
el tiempo que pudiera faltar,
será la vida misma,
ilimitada, inAinita,
el amor operante
en la unidad vital
con todo cuanto existe.
Santiago Rupérez.
Taipéi, 4-7-2026.
Gracias Santiago por tu actitud ante el rigor de los aconteceres pero sobre todo por transmitírnoslo poética y amigablemente en la confianza que nos da la comunión de una forma de entender las cosas de la vida. Ánimo que ya falta menos para lo que nos espera.
ResponderEliminarMariano Solis
Esta poesía de Santiago desde Taipei también la hago mia, aunque mi poesia sea más prosaica. Bravo! Sigamos desde los 80 y pico hasta los 90 ó 100.
ResponderEliminarJaime Cisteró