Robo de 1.500.000 € -hoy dicen que solo 450.000 (!)-, en el convento cisterciense de Santa Lucía, Zaragoza. Provenientes, dicen, de actividades de encuadernación y de la venta de cuadros que pinta una de las monjas (en la imagen con uno de los ob
ispos “pintados”). A la pregunta de los periodistas acerca de qué hacían allí esas bolsas de plástico llenas de dinero no declarado, su abogado afirma que “ellas no están acostumbradas a dar explicaciones de lo que hacen”. Ánimo, que no decaiga la fiesta! Esta es una de las raíces más profundas del desapego social respecto de la iglesia católica oficial, que no está acostumbrada a dar explicaciones de lo que hace. Ni en las más acendradas dictaduras ni en las más normalitas democracias.
Opino.
