“La mejor medida para
el dinero es aquella que no deja caer en la pobreza ni permite alejarse mucho
de ella”. Séneca, De tranquillitate animi,
cap. VIII.
Con enorme regocijo asisto al rosario de ceses y dimisiones a
que está dando lugar la perversa utilización que se ha hecho con el uso de las llamadas
tarjetas B, tarjetas negras de la extinta Caja Madrid. La inmoralidad social de
los afectados llena de sonrojo a cualquier persona. Bochornosa situación, triste
espectáculo.
Estos ingenuos golfos, que
se habrán creído los dueños del mundo han ido gastando a diestro y siniestro un
dinero que han usado para temas personales. Que el tema no se limita a Caja
Madrid es algo que veremos a poco que la investigación avance un poco en su
andadura.
Los llamo ingenuos porque han utilizado la tarjeta
electrónica como forma de pago. Va a ser muy fácil hacerles el seguimiento por
cada bien o servicio que hayan adquirido. Sólo si han sacado dinero de los
cajeros para pagar a “señoritas de vida alegre” por ejemplo, droga o productos/servicios
vergonzantes habrá que pedirles explicación, porque han utilizado dinero al
portador. Las joyas, hoteles y restaurantes pagados con las tarjetas quedarán
evidentes.
Nada tendrá que temer quien haya hecho un correcto uso de las
mismas. Y es que disfruto viendo que la acrematia, el pago sin dinero al
portador, tiene luego estos efectos. No importa que haya pasado el tiempo, los
sistemas informáticos van a poner rostro a estos degenerados de cuello blanco,
que van por la vida derrochando lo que nunca jamás han ganado.