martes, 5 de febrero de 2019

El hilo de la perplejidad


Si fuera de derechas, que no lo soy, estaría desconcertado. Si fuera de izquierdas, que vaya usted a saber, estaría perplejo.
Salgo de mi misma mismidad y, ¿qué veo? Dispersión. Fragmentación, que no rima con caos pero viene al caso. Dice JM Aznar que él dejó una derecha y ahora ve tres. Antes había en España una izquierda y pico, ahora hay plusieurs. Dicen que en la variedad está el gusto pero elegir entre tanta cantidad consume tiempo y energías. Cuando salgo de compras voy a tiro hecho. Quizá porque existen demasiadas cosas atractivas y ello me distrae. Me causa perplejidad.
Hay un hilo que hoy en día nos une, creo que en profundidad, el hilo de la perplejidad. A todos, de derechas, de izquierdas y de centro. Estamos perplejos. Expectantes. Mirando a no se qué cielos en busca de tampoco se qué señal que no va a llegar.
Y si sobrevuelo Europa entonces ya me caigo de trasero (de trasero, has leído bien, que intento ser políticamente correcto). Creíamos que empezábamos a llanear y nos han puesto a escalar. Por fortuna no tengo vértigo pero hay mucha gente que se distrae mirando el abismo. Y el abismo atrae de forma misteriosa. Si no que les pregunten a los flemáticos (alusión —no se si velada— a Britania).
Así que sostengo y mantengo que por fin estamos unidos tirios y troyanos por el hilo invisible pero eficaz (no me preguntes, que no se para qué eficaz) de la perplejidad. Moderno hilo de Ariadna: algo es algo.

lunes, 4 de febrero de 2019

AMINA BOUAYACH


AMINA BOUAYACH es presidenta del Consejo Nacional de Derechos Humanos de Marruecos.
كرمة المهرج ومفاجأ ة  الرقمية

النمسا ،WERFEN

domingo, 3 de febrero de 2019

Una perspectiva no tan negativa


El artículo de Areed Zakaria desarrolla una perspectiva no tan negativa de la situación y del mundo en que vivimos. Sin que por ello tengamos que sentir que la nuestra es una situación satisfactoria, no deja de ser cierto el progreso realizado. Sírvanos de acicate para lo que cada uno puede hacer por poco que parezca.

El GPS global

03/02/2019 05:00 - ACTUALIZADO: 03/02/2019 23:00

Este año el Foro Económico Mundial (o Foro de Davos), más que de costumbre, generó una animada ronda de vapuleo a las elites, algo que se ha convertido en la postura política de moda tanto en la derecha como en la izquierda. Por un lado, el presidente Trump y los presentadores de Fox News arremeten contra el 'establishment' sin contacto con la realidad y que, según ellos, han llevado a pique las cosas. Por otro lado, los izquierdistas denuncian a los millonarios y billonarios que, según la frase de un autor, “han roto el mundo moderno”. (Leer más ...)

https://blogs.elconfidencial.com/mundo/el-gps-global/2019-02-03/vision-lugubre-mundo-hoy-va-mejor-que-nunca_1800398/

WEST SIDE STORY

NOTA que este GIF animado ha sido tomado por WERFEN-Team durante un ensayo del ballet de WEST SIDE STORY en la estación de Canfranc, Huesca, SPANIEN. Donde no cabe un grafiti más.
Der Weinberg der Harlekine UND
Die Digital Überraschung
WERFEN, Österreich

viernes, 1 de febrero de 2019

Para recordar cosas que se olvidan


De Aristóteles a Bauman: los secretos de la filosofía para lograr la felicidad
Historias
o    IRENE HDEZ, VELASCO    Madrid
Desde Aristóteles hasta hoy, una de las obsesiones de la filosofía ha sido analizar la dicha y, sobre todo, los distintos métodos para alcanzarla. Ahora, la pensadora Victoria Camps recoge los principales hallazgos de su disciplina un libro
Los antiguos griegos lo denominaban "eudaimonía", un término bastante escurridizo que incluye el concepto de suerte. En inglés se llama "happiness", palabra que procede del verbo "hap": tener suerte. En francés se refieren a ella como "bonheur", vocablo resultante de la unión de "bon" (bueno) y "heur" (suerte). En italiano, portugués y español se la conoce respectivamente como "felicità", "felicidade" y "felicidad", voces todas ellas procedentes del latín "felix", afortunado
Pero aunque la suerte puede ayudar a conseguir la felicidad, no basta. La felicidad, como decía Bertrand Russell, es una conquista, hay que trabajársela.
Es evidente que la felicidad es lo más demandado y lo más universal desde que existe la humanidad. Es decir: desde hace 400.000 años es lo más buscado, lo más ansiado. Los psicólogos evolucionistas aseguran que es precisamente esa búsqueda de felicidad lo que nos ha permitido sobrevivir como especie durante todo este tiempo, concediéndonos una ventaja adaptativa respecto al resto de seres vivos.
La pregunta es: ¿cómo demonios se consigue la felicidad?
La filosofía, la disciplina que intenta explicar la realidad y el sentido del obrar humano, nunca se ha dedicado específicamente a tratar de determinar en qué consiste exactamente ser feliz, un concepto difícil e incluso impenetrable. Pero la filosofía sí que da por sentado que la búsqueda de la felicidad es el objetivo final del ser humano y sí que se ha ocupado de estudiar los medios para conseguirla.
De ahí que Victoria Camps, filósofa, catedrática emérita de Filosofía en la Universitat Autònoma de Barcelona y desde octubre pasado miembro permanente del Consejo de Estado, analice ahora en un libro delicioso, En busca de la felicidad (editorial Arpa), las principales reflexiones y aportaciones de numerosos filósofos alrededor de ese concepto.
Al fin y al cabo la felicidad siempre ha estado vinculada a la ética, un concepto en el que Camps es experta y que fue establecido por los filósofos griegos, quienes consideraban que para conseguir la felicidad cada persona debía esmerarse en construir un "ethos", una manera de ser que le disponga y le ayude a vivir bien. "Y vincular la felicidad a la ética significa que aquella reside en el carácter o en la personalidad de cada uno, más que en un código o en un listado de normas que hay que acatar", sentencia Camps.
Aristóteles fue el primer filósofo que se concentró de manera más sistemática en analizar la felicidad. Estaba convencido de que obrar bien, llevar una vida virtuosa y ética, era condición imprescindible para ser feliz.

SIN AMIGOS, SIN AFECTOS, PENSANDO SÓLO EN UNO MISMO, SEGURAMENTE ES MUY DIFÍCIL, SI NO IMPOSIBLE, LOGRAR LA FELICIDAD
Victoria Camps
¿Significa eso que los corruptos, los viciosos o los libertinos no pueden ser felices? Esa es justo la cuestión que plantea Calicles, un sofista (aunque no está del todo claro que lo fuera) que aparece en un diálogo de Platón titulado Gorgias. Calicles defiende con vehemencia que, en realidad, nadie quiere ser ético y virtuoso y que, si lo es, es porque no le queda otro remedio, porque se impone el poder coercitivo de la ley o, simplemente, el miedo a ir contracorriente.
Calicles, desafiando a Sócrates, llega a plantear un gran dilema moral: ¿es mejor sufrir una injusticia o perpetrarla? La ética y la filosofía socrática mantienen que, evidentemente, es preferible padecer una injusticia que cometerla. Y concluyen que quien comete injusticias no lleva una vida ética y tiene vedada por tanto la felicidad.
Pero Calicles rechaza eso. Sostiene que un tirano --la persona más injusta del mundo-- puede ser feliz, inmensamente feliz. "O los corruptos hoy, quienes pueden vivir muy bien", apuntilla Victoria Camps. El único argumento (bastante débil, por cierto) con el que Sócrates trató de rebatirle fue diciendo que ese tirano (o corrupto) viviría siempre angustiado por el miedo a que le pillaran.
También fueron filósofos griegos los que postularon que la felicidad se conseguía viviendo una vida simple y acorde con la naturaleza. Así, cuando Alejandro Magno se topó con Diógenes de Sinope, un famoso filósofo de la escuela cínica que rechazaba los bienes materiales, y le vio desnudo y tumbado a orillas de un río, le propuso: "Pídeme cualquier cosa y te lo concederé ". A lo que Diógenes, sin inmutarse lo más mínimo, le contestó: "Lo único que quiero es que te apartes, me tapas el sol".
Los estoicos, los filósofos griegos que más han abundado en el tema de la felicidad, bebieron mucho de los cínicos. Pero fueron aún más allá. También ellos consideraban que había que vivir conforme a la naturaleza y que la felicidad se alcanzaba llevando "una vida digna de ser vivida". Y para ello, decían, había que tener claro lo que depende de uno, lo que no depende de uno y aceptar esto último sin más, "con indiferencia" por usar sus propias palabras.
Los seguidores de esa escuela tenían muy claro que la vida no es un lecho de rosas, eran plenamente conscientes de la vulnerabilidad de los seres humanos, y defendían que no había que angustiarse por ejemplo ante la muerte, dado que la misma es inevitable. "Pero muchas veces es muy duro pedir al ser humano que sea insensible ante los infortunios, las desavenencias, la muerte, la enfermedad...", subraya Victoria Camps.
A la filosofía griega en general hay que hacerle dos acotaciones. La primera: considera que el bien colectivo está por encima del bien individual, que "el todo es más que la suma de las partes", como decía Aristóteles. Y la segunda precisión: su concepto de felicidad se limitaba a los hombres libres, a quienes se dedicaban a la vida pública. Ni las mujeres ni los esclavos tenían por tanto acceso a la felicidad.
De la felicidad colectiva a la individual
Todo eso cambia con la llegada de la modernidad. Después de la Edad Media, en la que el concepto de felicidad se pospone hasta la muerte y la entrada en el reino de los cielos, en la modernidad la felicidad pa asde ser un concepto colectivo a convertirse en un concepto puramente individual. Y, sobre todo, a ser sinónimo de libertad, de independencia, de poder hacer cada uno lo que quiera con su vida. Aunque, para ello, el Estado debe de garantizar unas condiciones materiales mínimas.
En realidad Pico della Mirandola, un pensador italiano del siglo XV, ya anticipó todo eso cuando escribió su célebre Oratio de hominis dignitate (Discurso sobre la dignidad del hombre), donde señala que la dignidad humana consiste en poder escoger cómo vivir. A diferencia de los animales, que siguen irremediablemente el instinto, los humanos pueden decidir qué hacer con su vida, si obrar bien o mal.
Esa idea alcanza su máximo esplendor en la Declaración de Independencia de Estados Unidos, publicada el 4 de julio de 1776 y que recoge el derecho a buscar la felicidad como un derecho humano. "Todos los hombres son creados iguales; dotados de ciertos derechos inalienables, entre los cuales están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad", dice literalmente el texto, que pone los cimientos de los derechos sociales y del Estado de bienestar. Un logro que, paradójicamente, no es atribuible a Estados Unidos sino a Europa.
"Pero, ¿se puede lograr la felicidad pensando sólo en uno mismo? ¿Puede ser la felicidad una empresa individual? Yo creo que no", nos dice Victoria Camps. De hecho, todos los filósofos consideran que tener amigos es una condición necesaria para alcanzar la felicidad. Aunque tal vez quien más haya enfatizado en ello haya sido el francés Michel de Montaigne, quien ya en el siglo XVI consideró como una de las grandes desgracias de su vida el perder a su mejor amigo.
"Sin amigos, sin afectos, pensando sólo en uno mismo, seguramente es muy difícil -si no imposible- lograr la felicidad", reitera Camps. Pero, de todas las aproximaciones a la felicidad que ofrece la filosofía, ¿con cuál se queda Victoria Camps? "Con ninguna. Todas tiene algo interesante, pero también algo criticable o excesivo", subraya. "Para mí la felicidad es saber mantener las ganas de vivir, algo que no deja de ser muy spinoziano. Es decir sí a la vida, a pesar de todas las dificultades. Y eso es algo que se aprende. La suerte cuenta, claro está, pero no es sólo suerte".
En ese sentido, para Camps la única y verdadera autoayuda en la búsqueda de la felicidad es la cultura. "Un proyecto de vida rico culturalmente. Se trata no sólo de adquirir cosas, sino de que el ser humano tenga recursos que le ayuden en los momentos más difíciles".
-¿Usted es feliz?
-No del todo. Siempre queda algo. Pero me siento afortunada: he podido hacer lo que he querido, he trabajado en lo que me gusta, tengo un conjunto de afectos, tengo familia, tengo amigos... No se puede lograr la felicidad absoluta. Además es necesario no lograrla para así seguir en el camino


Cronología de la felicidad
1.       Antiguos griegos: Vivir bien, obrar con ética y llevar una vida virtuosa es el camino para ser feliz. La dedicación a la vida pública es el más excelso camino hacia la felicidad.
2.       Estoicos: Hay que vivir de acuerdo con la naturaleza y aceptar las limitaciones humanas. Lo que no depende de nosotros --por ejemplo, la muerte-- debe aceptarse con indiferencia.
3.       Edad Media: El concepto de felicidad se empapa de doctrina cristiana. Hay que comportarse en la vida terrenal según la ley divina para así poder salvarse, porque sólo en el 'otro mundo' se encuentra la verdadera felicidad.
4.       Renacimiento: Con el racionalismo, el camino para ser feliz no es la obediencia a unas normas religiosas o morales universales, sino la profundización en el conocimiento de lo que nos rodea y de nosotros mismos.
5.       Ilustración: Todos, dentro de nosotros, sabemos lo que está bien y lo que está mal. Aunque no nos obligue ninguna norma externa, debemos de cumplir con ese "imperativo categórico", lo que no garantiza la felicidad pero nos hará dignos de ella.
6.       Modernidad: La felicidad pasa a ser sinónimo de libertad de poder hacer cada uno lo que quiera con su vida. Sin libertad, la búsqueda de la felicidad no es posible. La Declaración de Independencia de Estados Unidos (1776) recoge el derecho a buscar la felicidad: "Todos los hombres son creados iguales; dotados de ciertos derechos inalienables, entre los cuales están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad".
7.       Revolución industrial y capitalismo: El individuo debe ser libre para decidir quién es y cómo desea vivir. Esa libertad va de la mano de otro derecho: el derecho a la propiedad. Hay que ser libre para intentar ser feliz y ser libre se materializa en la condición de propietario.
8.       Marxismo: El 'explotado' no es libre, aunque formalmente se le reconozca libertad. Sin acceso a la educación, a la protección de la salud y a la seguridad social no se dan las condiciones necesarias para tener una vida digna y poder aspirar a la felicidad.
9.       Estado de bienestar: Durante el siglo XX, en la mayor parte de países de la Europa Occidental el Estado comienza a dar protección social a los segmentos de población más desfavorecidos y a llevar a cabo una mínima distribución de la riqueza. Se garantizan así los bienes necesarios básicos para que cada uno pueda vivir como quiera y buscar la felicidad.
10.    Actualidad: Queremos satisfacer inmediatamente cualquier deseo, sin calcular si se trata de un deseo superfluo o necesario. No aceptamos los límites de la condición humana: el dolor, la enfermedad, el envejecimiento, la muerte... Se busca una respuesta técnica (autoayuda) o medicalizada para todo, buscamos resolverlo todo con una píldora. La felicidad se convierte en una industria.

TAXI / VTC. Estoy de acuerdo con el autor


01/02/2019 05:00 - ACTUALIZADO: 01/02/2019 15:56
Si estás en contra del taxi, entonces estás a favor de las VTC”. Así podríamos resumir la visión maniquea y simplista que muchos ciudadanos, políticos u periodistas mantienen en relación con el denominado conflicto del taxi. A saber: o defiendes los intereses del 'lobby' del taxi o defiendes los del 'lobby' de las VTC; o estás con el gremio nacional o con el oligopolio de las multinacionales.
En realidad, se trata de un falso dilema: no hay por qué defender a ninguno de estos dos grupos, sino que uno puede limitarse a promover la libre competencia y la libertad de elección del usuario. A la postre, las autorizaciones VTC exhiben unos problemas que son prácticamente idénticos a los de las licencias de taxi: a saber, se trata de derechos (en realidad, privilegios) a explotar en exclusiva un sector económico como es el del alquiler de vehículos con conductor. O dicho con otras palabras, las VTC constituyen elmismo tipo de 'monopolio' que los taxis, con el agravante de que la mayoría de esos derechos de monopolio han sido acaparados en las manos de unos pocos inversores (lo que, llegado el caso, les facilitaría la labor de coordinación para elevar los precios dentro de su mercado cautivo).
Cuando algunos, y en contra del chantaje planteado por el gremio del taxi, defendemos el derecho de las VTC a operar en España, no lo hacemos para salvaguardar su derecho (en realidad, privilegio) a operar en exclusiva, esto es, su derecho de monopolio: lo hacemos porque creemos que, sí, ellos tienen derecho a prestar ese servicio… pero también cualquier otra persona que desee prestarlo. Del mismo modo que, si un grupo de taxistas se sublevara para exigir que la Administración retirara las licencias de otro grupo de taxistas, muchos nos opondríamos a semejante expulsión injustificada de esos operadores del mercado, también, y por los mismos motivos, nos oponemos a que se impida operar a los actuales titulares de una autorización VTC dentro de ese mercado. Pero, evidentemente, eso no implica que convalidemos ni el sistema restrictivo de licencias de taxi ni el sistema restrictivo de autorizaciones VTC: ambos sobran, porque ambos limitan cuantitativamente el número de oferentes potenciales en el mercado.
En ausencia de licencias —o con licencias otorgadas a todo aquel que las solicite y que cumpla con unos mínimos requisitos legales, como poseer carné de conducir, experiencia mínima, antigüedad máxima del vehículo, etc.—, cualquier persona con carné podría prestar un servicio de alquiler de vehículo con conductor a cualquier otro ciudadano, coordinándose ambos a través de una aplicación que proporciona a cada parte información fiable sobre la otra (gracias a que esa información es el resultado de la agregación de miles de valoraciones generadas descentralizadamente).
mayor número de potenciales oferentesmás bajas serían las tarifas para los usuarios y menores serían los beneficios monopolísticos que cosecharían los licenciatarios, esto es, los taxistas y los propietarios de autorizaciones VTC que se reparten regulatoriamente el mercado. Asimismo, al eliminarse tales beneficios monopolísticos merced a la libertad de entrada en el sector, tampoco habría margen para que nadie —ni taxistas ni titulares de una VTC— especulara obscenamente con las licencias: la especulación en el mercado secundario es el resultado del 'numerus clausus' de unas licencias que permiten apropiarse de unos beneficios extraordinarios de carácter monopolístico.
Ese es justamente el modelo de UberPOP —desde un comienzo, declarado ilegal en España— que tan buenos resultados arroja allí donde opera (por ejemplo, en California): cualquier particular puede ejercer como 'taxista'durante tantas horas diarias como desee y, por tanto, no solo cualquier persona puede obtener unos ingresos extraordinarios ejerciendo como conductor para otros ciudadanos, sino que esos ciudadanos disfrutan de mucha más variedad de oferentes y de tarifas mucho menores; o ese es el modelo de UberPOOL, un servicio análogo al de UberPOP pero compartiendo el trayecto con otros usuarios para así minimizar la factura por viajero. Ambos modelos, por cierto, resultan fácilmente replicables a través de cualquier otra aplicación distinta de Uber (incluida Mytaxi): de lo que carecemos para poder desarrollarlos no es de la tecnología necesaria, sino de la imprescindible libertad de prestación de servicios en el sector del taxi debido a la presencia de licencias limitativas de la actividad.

En definitiva, el objetivo en el sector del taxi no es conseguir que taxistas y VTC se repartan como hasta ahora el mercado. No se trata de atacar los privilegios del taxi para promover los privilegios de las VTC: más bien, se trata de atacar ambos privilegios para así respetar la libre competencia y la consecuente libertad de elección del usuario. Las VTC representan exactamente el mismo problema para la libertad económica que representan los taxis: ambos deben ser reemplazados por un mercado libre tanto desde el lado de la oferta como desde el lado de la demanda.